Durante el proceso de envejecimiento, la alimentación se modifica a causa de diversos factores, como: acceso limitado a los alimentos, privaciones económicas, falta de conocimientos e información sobre nutrición, enfermedades de base, uso de medicamentos, pérdida parcial o total de la dentadura, falta de actividad física, entre otros.

Los principales cambios alimentarios que se generan, son:

  • Pérdida del apetito
  • Tendencia a preferir alimentos blandos y líquidos
  • Rechazo a algunos alimentos como carnes, quesos, verduras crudas, frutas frescas

A causa de dichos cambios, se altera el nivel de ingesta de nutrientes y la eficiencia con que estos son utilizados por el organismo, como es el caso de:

  • Disminución de la ingesta de proteínas
  • Disminución de la ingesta de fibra
  • Menor eficiencia en la absorción, y por ende déficit de vitamina B12
  • Disminución en la absorción de vitaminas liposolubles
  • Disminución en la absorción de calcio y hierro
  • Déficit  de folato y vitamina B6

Y las principales patologías que se generan, son:

  • Cambios en la motilidad intestinal, que contribuyen al desarrollo de otras molestias: flatulencias, acidez y estreñimiento.
  • Alteraciones neurológicas
  • Pérdida de la densidad ósea, y fracturas óseas
  • Pérdida masa muscular
  • Obesidad
  • Enfermedades crónicas (hipertensión arterial, diabetes, enfermedades cardiovasculares)

Las recomendaciones para lograr una alimentación saludable en esta etapa, son:

  • Consumir diariamente frutas, ya sean frescas, congeladas o secas. Consumir diariamente vegetales, prefiriendo las de hojas verdes (pues son muy ricas en folatos). (Consumir al menos 5 porciones/día)
  • Incluir alimentos con un alto contenido de calcio, como leche descremada, yogurt descremado. Y si no se tolera la leche, incluir lácteos sin lactosa o alimentos enriquecidos en calcio. (Consumir al menos 3 porciones/día)
  • Consumir productos de granos integrales, como panes, cereales, galletas, arroz y pastas.
  • Incluir diariamente carnes magras, pollo, legumbres o huevos en las preparaciones principales (almuerzo y cena).
  • No saltarse ninguna comida. Realizando 4 comidas y colaciones de ser necesario (si transcurren más de 4 horas entre una comida y otra).
  • Limitar el consumo de alimentos altos en grasas y azúcares.
  • Reducir el consumo de sal, a menos de 2.300 mg al día (1 cdta de sal). Preferir los productos bajos en sodio.
  • Beber líquidos con regularidad a lo largo del día.

Además de estas recomendaciones que te dimos ¿Qué harías para mantenerte de la mejor forma posible al llegar a esta etapa?